sábado, 28 de julio de 2007

La Mezquita Roja de Islamabad se reabre con un baño de sangre

Un policía es auxiliado por dos compañeros- ASSOCIATED PRESS

Un terrorista suicida mató ayer a 15 personas e hirió a varias decenas más en Islamabad. La mayoría de las víctimas son policías, ya que al parecer el atacante hizo estallar su carga en medio de un contingente que descansaba en las proximidades de la Mezquita Roja. El Gobierno del presidente, Pervez Musharraf, acaba de reabrir la aljama, dos semanas después del asalto que dejó un centenar de muertos, con la intención de calmar los ánimos de los islamistas.

"Al menos 15 personas han resultado muertas, entre ellos siete policías, y medio centenar heridas", declaró el jefe de la administración de Islamabad, Khalid Pervez. El atentado tuvo lugar en uno de los mercados más concurridos de la capital, el Aabpara, a apenas trescientos metros de la Mezquita Roja. Los antidisturbios reponían fuerzas junto al Hotel Muzaffar tras haberse enfrentado a los fieles que habían acudido al rezo, el primero después del sangriento asalto de dos semanas atrás.

Muchos de los asistentes eran estudiantes de Jamia Faridia, un seminario afiliado a la mezquita. Pero su reapertura no sólo no sirvió para congraciarles con el Gobierno sino que catalizó su malestar. Para empezar, rechazaron al imam designado por las autoridades, Mohamed Ashfaque, que tuvo que salir del templo protegido por la policía, y pidieron el regreso del maulana -líder espiritual de la madraza- de la Abdul Aziz, detenido desde que intentara escapar del asalto bajo un burka y que quería imponer la ley islámica en Islamabad.

"Musharraf es peor que un perro. Debe dimitir", coreaban los estudiantes, mientras por los altavoces de la mezquita se anunciaba que se prometía "vengar la sangre de los mártires". Pero no se trataba sólo de jóvenes aún afectados por el asalto. El vicepresidente de Mutajida Majlis-e-Amal, una coalición de partidos religiosos que hasta ahora apoyaba a Musharraf, le llamó "asesino" y anunció que pronto habrá una revolución islámica en Pakistán.

Además, interpretaron como una afronta el color melocotón con el que las autoridades habían pintado aljama, cuyo nombre en urdu, Lal Masjid, significa precisamente Mezquita Roja. Advertidos, habían introducido en el recinto numerosos botes de pintura roja y se dedicaron a repintar el edificio. A pesar de ello y de los eslóganes antigubernamentales que corearon desde el patio interior, la policía no intervino hasta que a la salida del rezo -finalmente dirigido por clérigo de Jamia Faridia- fue atacada con piedras.

Tras el atentado, la policía evacuó el templo. Como es habitual en Pakistán, nadie se responsabilizó del ataque, el segundo de estas características que se produce en Islamabad y que parece indicar que los militantes pro talibán han llevado su guerra contra el Gobierno hasta el corazón mismo de la capital.

Tras el asalto a la mezquita el 10 de julio, tanto los militantes pro talibán como el número dos de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, juraron vengar a sus correligionarios muertos. Desde entonces, Pakistán vive una oleada de atentados sin precedentes que ya ha dejado dos centenares de heridos, en su mayoría miembros de las fuerzas de seguridad.

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