sábado, 5 de noviembre de 2011

Cuando la tierra tiembla, la salud se tambalea

Cuando la tierra tiembla, la salud se tambalea
Inundaciones, huracanes y terremotos ocasionan miles de víctimas mortales, pero estos últimos causan muchos más heridos graves y con frecuencia colapsan los sistemas de atención médica.

Tan sólo hay un factor relativamente favorable: los movimientos de tierra y el resto de las catástrofes naturales generan menos casos de estrés postraumático que los desastres tecnológicos o causados por la mano del hombre. No obstante, el efecto global sobre la salud mental, en forma de ansiedad, depresión, estrés agudo o ideas de suicidio es considerable. En resumen, los terremotos dañan la salud de múltiples formas.

El próximo 11 de noviembre se cumplen seis meses de los dos seísmos que asolaron la localidad de Lorca en Murcia. El balance final fue de nueve muertos y 300 heridos. Esas son la cifras frías; detrás de los cientos de lesionados hay otras tantas historias que revelan las secuelas de la devastación en la salud de la población. La experiencia adquirida en situaciones similares puede ayudar a tratarles.

Al fin y al cabo, todos los días hay algún terremoto en el mundo y, de vez en cuando, se produce uno de proporciones destructivas. En la última década han causado más de 780.000 fallecimientos, lo que supone aproximadamente el 60% de todas las muertes producidas por desastres. "Además de esos decesos, han afectado directamente a otros dos mil millones de personas durante dicho periodo", aseguran Susan Bartels y Michael VanRooyen, de la Iniciativa Humanitaria de Harvard (Boston, Estados Unidos) y autores de una revisión sobre las complicaciones médicas de los seísmos que publica 'The Lancet'.

El panorama no tiene visos de mejorar: "La amenaza que suponen los terremotos probablemente se incrementará a causa de la urbanización global y por la vulnerabilidad de los grandes centros urbanos. Muchas de las ciudades más pobladas del mundo están situadas sobre fallas y, por esta razón, millones de personas están expuestas a los seísmos".

Los responsables del artículo han realizado un minucioso repaso de las últimas catástrofes sísmicas y los estudios sobre sus consecuencias sanitarias. La primera enseñanza que se extrae es que un buen número de fallecimientos se producen de manera inmediata, a menudo como consecuencia de lesiones cerebrales o de la médula espinal que son irreparables.

Sin embargo, hay otras víctimas que perecen en las primeras horas tras el terremoto que sí podrían salvarse. La mortalidad se reduce significativamente si se administra tratamiento urgente para atajar los hematomas subdurales (acumulación de sangre en la superficie del cerebro), las lesiones del bazo o el hígado y las fracturas pélvicas. Finalmente, en los siguientes días o semanas se registra un tercer pico de muertes atribuibles a septicemias, fallos multiorgánicos y coagulación intravascular diseminada (las proteínas que controlan la coagulación de la sangre se vuelven anormalmente activas), igualmente evitables si se actúa a tiempo.

Existe un riesgo real de incremento de las infecciones tras un seísmo debido al desbaratamiento del suministro de agua potable y a los problemas de higiene. Pero también se han difundido algunos mitos. Frecuentemente se hace referencia a los cadáveres como potencial fuente de infección y el miedo a las epidemias ha llevado a realizar enterramientos masivos. Bartels y VanRooyen califican de "improbable" que la acumulación de cuerpos sin vida tras un desastre natural "cause infecciones de proporciones epidémicas". La única situación en la que sí pueden potenciar la transmisión de agentes patógenos es durante los brotes de cólera.

Uno de los problemas sanitarios más frecuentes después de un seísmo fuerte es el denominado síndrome de aplastamiento, que no sólo afecta a las partes del cuerpo atrapadas en los escombros, sino que puede tener consecuencias sistémicas graves. Una de ellas es la rabdomiolisis, que es una descomposición de las fibras musculares que produce la liberación de su contenido (mioglobina) en el torrente sanguíneo. Esas sustancias que ahora circulan por la sangre pueden ser tóxicas para el riñón y con frecuencia causan daño renal. La realización de pruebas de orina permite detectar a tiempo este trastorno.

El desplome de edificios produce fracturas y lesiones de tal envergadura que obliga a los sanitarios a actuar de forma rápida y, en muchos casos, drástica. Sin embargo, tal y como explican los autores de la revisión, es conveniente reflexionar antes de adoptar medidas como la amputación de piernas o brazos, ya que a veces no es necesaria e, incluso, ocasiona más daño que alivio.

Las personas atrapadas entre los escombros deben ser rescatadas cuanto antes, ya que su vida penderá de un hilo si sufren lesiones graves. No obstante, es frecuente asistir al rescate de individuos que han permanecido días sepultados. Esos 'milagros' se deben a que, en ausencia de traumatismos fuertes o enfermedades importantes, el cuerpo humano está preparado para sobrevivir más de tres semanas sin comida y entre tres y siete días sin agua (dependerá del clima).

Los terremotos también influyen en la salud cardiovascular y se ha documentado un aumento de infartos de miocardio, ictus y arritmias, entre otras afecciones, en los siguientes días o semanas. El motivo más probable es, según los investigadores, "el mayor estrés físico y psicológico asociado a la activación del sistema nervioso simpático, así como la interrupción de la ingesta de los fármacos cardiovasculares prescritos".

Los niños y los mayores son, a tenor de las investigaciones realizadas, los más vulnerables a los efectos que producen las catástrofes naturales. Por lo tanto, los dispositivos sanitarios deben hacer especial hincapié en ellos.

María Sánchez-Monge | ELMUNDO.es

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